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5/3/2026

Todos los Trabajadores Únanse Contra las Guerras Imperialistas

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Mientras Estados Unidos lanza más guerras, los trabajadores soportan el peso de su consequencia

El año 2026 ha marcado una fuerte escalada de la guerra liderada por Estados Unidos. A solo tres días de comenzado el año, las Fuerzas Especiales Estadounidenses invadieron Venezuela y secuestraron al presidente Maduro, utilizando Trinidad y Tobago y Puerto Rico como plataformas para esta operación, tras haber asesinado a cientos de personas con ataques de lanchas en el Caribe. Mientras tanto, Estados Unidos continúa apoyando plenamente al Israel sionista y su política de aniquilación total contra Líbano, Palestina, Yemen y toda Asia Occidental. Esta política sirve a la aspiración de Israel de un "Gran Israel" en contra de los pueblos de la región y señala a Irán como el principal obstáculo para la hegemonía estadounidense en Asia Occidental. En Asia-Pacífico, los preparativos bélicos siguen acelerándose mientras se invierten miles de millones de dólares en ejercicios militares multinacionales y en armar a regímenes títeres de Estados Unidos, los cuales a su vez usan esas armas para imponer una represión fascista contra sus propias poblaciones. En África, Estados Unidos sigue financiando y apoyando a fuerzas paramilitares para controlar recursos y ejercer influencia estratégica, colocando a la maquinaria de guerra estadounidense en el centro de las peores crisis humanitarias en Sudán, la República Democrática del Congo y muchos otros países.

A medida que Estados Unidos se hunde más en la crisis, perdiendo poder económico, acceso a mercados y siendo superado en innovación tecnológica, principalmente por China y otras potencias emergentes, desata guerras con la débil esperanza de recuperar su antigua dominación global. Mientras más desesperado se vuelve por sobrevivir y mantener su control sobre recursos y trabajo saqueados, la maquinaria de guerra liderada por Estados Unidos se vuelve cada vez más violenta y cruel.

El peso de las guerras lideradas por Estados Unidos siempre ha recaído sobre los hombros de los trabajadores, y en este momento de la historia no es diferente. Los trabajadores son bombardeados, ametrallados, heridos y asesinados cuando Estados Unidos desata sus guerras de agresión. Los trabajadores estadounidenses son enviados a luchar contra trabajadores de otros países, todo en nombre de abrir el camino para que la clase imperialista explote aún más la tierra y los recursos, y obtenga ganancias de la reconstrucción de la infraestructura que ellos mismos han destruido.

En Gaza, los trabajadores han visto sus medios de vida y trabajo completamente destruidos, ya que Israel diezmó deliberadamente la industria pesquera local y redujo la tierra cultivable a escombros tóxicos, destruyendo el 95% de sus matorrales y el 97% de sus árboles. En Cuba y Venezuela, las sanciones estadounidenses han frustrado el crecimiento económico y la autosuficiencia, bloqueando el acceso a maquinaria, tecnología y atención médica de los que dependen las personas. Desde diciembre, las fuerzas navales de Estados Unidos han incautado múltiples buques cisterna con destino a Cuba, dejando a la isla en un estado de casi colapso, con escasez de electricidad y muchas industrias operando a niveles mínimos. En Irán, los trabajadores de refinerías de petróleo y los trabajadores de la salud han sido especialmente blanqueados, ya que Estados Unidos ataca intencionalmente la infraestructura civil en su guerra de agresión.

Incluso cuando las bombas no caen sobre sus hogares ni las tropas marchan por sus calles, la clase trabajadora se ve obligada a soportar el peso de la especulación capitalista, que eleva artificialmente los precios de los bienes para exprimir mayores ganancias de la guerra. Como hemos visto con la guerra de agresión de Estados Unidos contra Irán, el aumento de los precios del combustible ya ha provocado incrementos en los precios de las necesidades básicas en muchos países, como alimentos enlatados, pan, agua, jabón y detergente en todo el Sudeste Asiático y América Latina.

Allí donde Estados Unidos ha apuntalado sus regímenes títeres, a menudo mediante métodos encubiertos de guerra como sanciones o financiamiento de golpes de estado, los trabajadores sufren una superexplotación en forma de bajos salarios y jornadas laborales insoportables a manos de las corporaciones multinacionales estadounidenses, mientras que los ejércitos títeres respaldados por Estados Unidos los oprimen bajo la bota del fascismo.


Mientras los Trabajadores Sufren, los Imperialistas Obtienen Ganancias

Los capitalistas buscan constantemente nuevas tierras y mano de obra para explotar. Cuando no pueden asegurarlas mediante la coerción económica, recurren a la guerra. Por lo tanto, las guerras no solo son rentables en su ejecución (a través de la producción de armas y la extracción de recursos), sino que también son esenciales para la supervivencia del propio sistema capitalista. La expansión mediante la violencia es un intento de resolver las contradicciones internas del sistema abriendo nuevos mercados, capturando mano de obra barata y materias primas, y restaurando temporalmente la rentabilidad en tiempos de crisis.

La militarización y la guerra siempre han sido empresas rentables para los capitalistas monopólicos y las clases gobernantes imperialistas. En todos los países imperialistas y las semicolonias que Estados Unidos planea usar como peones en guerras futuras, los preparativos bélicos se caracterizan por aumentos masivos en los presupuestos de defensa. Los mismos gobiernos que recortan programas sociales, suprimen los derechos de los trabajadores y aplastan los movimientos democráticos destinan miles de millones a la militarización, desviando recursos vitales de la atención médica, la educación, la vivienda y la infraestructura pública que los trabajadores y las comunidades oprimidas necesitan urgentemente.

Las corporaciones transnacionales de armas, tecnología y minería se alimentan directamente de las guerras lideradas por Estados Unidos. Obligan a los trabajadores a producir armas de guerra utilizadas para causar una destrucción masiva, mientras les niegan salarios dignos, condiciones de trabajo seguras y derechos básicos para organizarse. Las armas que fabrican dependen de minerales extraídos mediante la superexplotación y el saqueo, lo que devasta el medio ambiente y se basa en condiciones de trabajo horribles, manteniendo a los trabajadores en espacios claustrofóbicos a menudo expuestos a sustancias químicas tóxicas sin la protección adecuada.


Todos los Trabajadores, Únanse Contra las Guerras Imperialistas

Los trabajadores enfrentan desempleo masivo, inflación disparada y recortes a los servicios sociales que llegan a raíz de la economía de guerra. Las guerras imperialistas solo benefician a la clase dominante. Por lo tanto, la clase trabajadora es la más interesada en ponerles fin, porque pagan con sus vidas para mantener vivo este sistema imperialista.

En muchos países, los trabajadores del mundo ya están tomando la iniciativa en la lucha por una paz justa, la liberación nacional y la soberanía contra la opresión militar estadounidense. A través de organizaciones obreras combativas, huelgas que atacan directamente a la maquinaria de guerra y acciones solidarias con los pueblos oprimidos, los trabajadores están resistiendo de múltiples formas: negándose a cargar armas en barcos, bloqueando las cadenas de suministro militares, tomando las armas contra activos militares estadounidenses y también construyendo los misiles que apuntan a las bases de Estados Unidos en Asia Occidental.

El movimiento global contra la guerra debe asegurar que sea parte integral de la lucha de los trabajadores, porque son los trabajadores quienes soportan los impactos más graves de la guerra y quienes tienen el poder de detenerla. Debemos forjar coaliciones combativas y alianzas amplias que conecten el tema de la guerra con las preocupaciones cotidianas de la clase trabajadora, desde las semicolonias que reciben las bombas hasta las comunidades migrantes y la clase trabajadora en los centros imperialistas, para recuperar lo que nos ha sido robado por los señores de la guerra de la clase imperialista y marchar hacia una paz justa y duradera.

¡No a la guerra imperialista! ¡Trabajadores del mundo, únanse por una paz justa y duradera!

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5/1/2026

All Workers Unite Against Imperialist Wars

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As the U.S. unleashes more war, workers face the brunt of its impacts

2026 has marked a sharp escalation of U.S.-led war. Just three days into the year, U.S. Special Forces invaded Venezuela and kidnapped President Maduro, using Trinidad and Tobago and Puerto Rico as launching pads for this operation after killing hundreds of people in boat strikes across the Caribbean. Meanwhile, the U.S. continues to give full support to Zionist Israel and its policy of total annihilation against Lebanon, Palestine, Yemen, and all of West Asia. This policy serves Israel’s drive for a “Greater Israel” against the peoples of the region and targets Iran as the main obstacle to U.S. hegemony in West Asia. In the Asia-Pacific, war preparations continue to accelerate as billions of dollarsare poured into multinational military exercises and into arming U.S. puppet regimes, which in turn use these weapons to impose fascist repression on their own populations. In Africa, the U.S. continues to finance and support paramilitary forces to control resources and exert strategic influence, placing the U.S. war machine at the center of the worst humanitarian crises, in Sudan, the Democratic Republic of the Congo, and many other countries.

As the U.S. sinks deeper into crisis, losing economic power, access to markets, and being outpaced in technological innovation, primarily by China and other emerging powers, it unleashes war in the faint hope of recuperating its former global domination. As it grows more desperate to survive and maintain its grasp on stolen resources and labor, the U.S.-led war machine becomes ever more violent and vicious.

The brunt of U.S.-led wars has always fallen on the shoulders of workers, and at this point in history it is no different. Workers are bombed, strafed, shot, and killed as the U.S. unleashes its wars of aggression. U.S. workers are sent to fight against workers of other countries, all in the name of clearing the way for the imperialist class to further exploit land and resources, and to profit from rebuilding the infrastructure they have destroyed.

in Gaza, workers have seen their means of livelihood and work completely destroyed, as Israel purposely decimated the local fishing industry and educed arable land to toxic rubble, with 95% of its shrublands and 97% of its trees destroyed. In Cuba and Venezuela, U.S. sanctions have subverted economic growth and self-sufficiency, blocking access to machinery, technology, and healthcare on which the people depend. Since December, U.S. naval forces have seized multiple oil tankers headed to Cuba, leaving the island is a state of almost collapse with electricity shortages and many industries operating at minimal levels. In Iran, oil refinery workers and healthcare workers have been especially targeted as the U.S. intentionally hits civilian infrastructure in its war of aggression.

Even when bombs aren't falling on their homes and troops marching through their streets the working class is forced to bear the brunt of capitalist speculation, which artificially raises the prices of goods to squeeze more profits out of war. As we've seen with the U.S. war of aggression against Iran, rising fuel prices have already led to price increases for basic necessities in many countries, such as canned goods, bread, water, soap, and detergent all across Southeast Asia and Latin America.

Wherever the U.S. has propped up its puppet regimes, often through covert means of warfare such as sanctions or financing coups d'état, working people experience super-exploitation in the form of low wages and unbearable working hours at the hands of U.S. multinational corporations, while U.S.-backed puppet militaries suppress them under the boot of fascism.

As Workers Suffer the Imperialists Profit

Capitalists are constantly searching for new land and labor to exploit. When they cannot secure these through economic coercion, they turn to war. Thus, wars are not only profitable in their making, through weapons production and resource extraction, but they are also essential to the survival of the capitalist system itself. Expansion through violence in and attempt to resolve the system’s internal contradictions by opening new markets, capturing cheap labor and raw materials, and temporarily restoring profitability in times of crisis.

Militarization and war have always been profitable ventures for monopoly capitalists and imperialist ruling classes. Across all imperialist countries, and the semi-colonies that the U.S. plans to use as pawns in future wars, war preparations are marked by massive increases in defense budgets. The same governments that slash social programs, suppress workers’ rights, and crush democratic movements pour billions into militarization, diverting vital resources away from healthcare, education, housing, and public infrastructure that working people and oppressed communities urgently need.

Weapons and War Transnational Corporations in the field of weapons, technology and mining feed directly on U.S. led wars. They force workers to produce weapons of war used to exact massive destruction while denying them living wages, safe working conditions, and basic rights to organize. The weapons they manufacture depend on minerals extracted through super-exploitation and plunder, which devastates the environment and relies on horrific working conditions putting workers in claustrophobic spaces often exposed to toxic chemicals without proper protection.

All Workers Unite Against Imperialist Wars

Workers are confronting mass unemployment, skyrocketing inflation, and cuts to social services that come in the wake of the war economy. Imperialist wars only benefit the ruling class. Therefore the working class has the most stake in ending them because they pay with their lives to keep this imperialist system alive.

In many countries the working people of the world are already taking the lead in the struggle for just peace, national liberation, and sovereignty against U.S. military oppression. Through militant workers' organizations, strikes that directly target the war machine, and solidarity actions with oppressed peoples, workers are resisting in multiple forms, refusing to load weapons onto ships, blocking military supply chains, and, taking up arms against U.S. military assets as well as building the missiles that target U.S. bases in West Asia.

The global anti-war movement must ensure it is part and parcel of the struggle of workers, because it is workers who bear the heaviest impacts of war and who hold the power to stop it. We must forge fighting coalitions and wide-ranging alliances that connect the issue of war to the everyday concerns of the working class, from the semi-colonies on the receiving end of bombs to the migrant communities and working class in the imperialist centers as we win back what has been stolen by the war lords of the imperialist class and march towards a just and lasting peace.

No to imperialist war! Workers of the world, unite for a just and lasting peace!

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